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  • Marissa Galvan

Pentecostés: 31 de mayo

PRELUDIO: Escucha «Santo Espíritu» y reflexiona sobre lo hermoso que es saber que el Espíritu es parte de nuestra vida.


LLAMAMIENTO A LA ADORACIÓN

Espíritu de Dios, tú estás en nuestras vidas.

Abre nuestros ojos para reconocer tu presencia en toda persona.

Abre nuestros oídos para escuchar tu voz revelada en las personas más pequeñas.

Abre nuestra imaginación para descubrir tus propósitos en lo increíble e inesperado.

Toca nuestros corazones para prestar atención al clamor de otras personas.

Espíritu de Dios, tú estás en nuestras vidas, muéstranos nuevamente tu salvación. Amén.


HIMNO: Escuche el himno «Ven Espíritu de amor»


CONFESIÓN (Oración al Espíritu Santo. Liturgia de la Iglesia Luterana de París)

No sabemos orar como conviene, Espíritu Santo,

acude en ayuda de nuestra debilidad.

No sabemos esperar como conviene, Espíritu Santo,

acude en ayuda de nuestra impaciencia.

No sabemos perdonar como conviene, Espíritu Santo,

acude en ayuda de nuestra impotencia.

No sabemos creer como conviene, Espíritu Santo,

acude en ayuda de nuestra incredulidad.

Hay tantas cosas que ignoramos, Espíritu Santo,

acude en ayuda de nuestra infidelidad.

Tú qué quieres lo que quiere el Padre,

concédenos tu perdón en Cristo.

Amén.


PERDÓN Y PAZ

No hay lugar que esté tan lejos que el amor de Dios no pueda tocarlo. No hay vacío tan grande que la gracia de Dios no pueda llenarlo. Los brazos de Dios siempre permanecen abiertos para su pueblo, listos para abrazarnos en la amplitud de su misericordia y para darnos la bienvenida a casa.

En el nombre de Cristo, quien hace todas las cosas nuevas, ¡Te damos gracias, Dios! ¡Amén!


Comparta la paz: Piense en alguna cosa que le haya dado paz durante este día. Comparta ese sentimiento de paz con alguna persona o a través de algún medio social.


ORACIÓN DE ILUMINACIÓN (MGV)

Dios todopoderoso, por el poder de tu Espíritu Santo, háblanos en el lenguaje de nuestros corazones, para que podamos escuchar tu palabra con entendimiento y contestemos a tu llamado con confianza. Amén.


ESCRITURA: Hechos 1,8 (RVA 2015)

8 Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre ustedes, y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra.


REFLEXIÓN: El desafío misiológico de la iglesia (Héctor Rodríguez)

Dios, en su gracia e infinita misericordia nos hizo su pueblo y nos unió como su iglesia. Pertenecemos a la iglesia de Dios, no porque seamos más sant@s o menos pecador@s que otras personas, sino porque Dios, en su gracia sin medida nos amó, nos escogió, nos llamó, nos santificó, y nos justificó, para que podamos ser parte de su reino (su iglesia) aquí en la tierra. Aunque no somos perfectos y tenemos muchos defectos, su gracia trasciende, va más allá de nuestras faltas y pecados. Esto significa que Dios nos amó y nos dio su bendición por medio de Cristo más allá de nosotr@s. Martín Lutero, el reformador dijo: «Somos la iglesia, la comunidad de santos y la asamblea de pecador@s». Juan Calvino dijo: «No importa cuán imperfectos seamos, somos la comunidad del Espíritu» (Institución de la religión cristiana).


Fuimos elegid@s para ser instrumentos de ministerio, misión y servicio, la voz profética de la iglesia en medio de lo que está sucediendo en nuestra sociedad. El Rvdo. Dr. Salatiel Palomino, un teólogo presbiteriano hispano dijo: «La tarea teológica de la iglesia consiste en discernir lo que Dios espera de su pueblo en el lugar donde nos ha colocado, para que podamos contribuir con soluciones relevantes y transformadoras para nuestra gente». Hacer teología significa encarnar el evangelio en el contexto eclesiástico, social y cultural.


Después de que Jesús dio la comisión de proclamar el evangelio a sus discípulos, sopló sobre ellos y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo» (Juan 20,22). Esto significa que di capacidad espiritual, divina y la investidura a los apóstoles. Aquí se establece lo que dice Hechos 1,8: «Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre ustedes, y me serán testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra».

Esto significa que tenemos el poder y autoridad para predicar, enseñar, compartir y vivir las buenas nuevas de salvación y la victoria del Cristo resucitado con toda la humanidad en el poder del Espíritu.


La iglesia necesita este poder y autoridad para demostrar al mundo que nosotr@s, la iglesia cristiana, no somos una religión simple. Somos el pueblo de Dios con la vitalidad de Dios, con la presencia de Dios para ser un cuerpo sanador de creyentes.


Sin embargo, necesitamos ese poder espiritual (Dunamis) en la iglesia y en nuestras propias vidas para ser continuamente un cuerpo sanador de creyentes que continuamente necesitan sanidad. Y esa sanidad continua va a producir la vitalidad continua para ser la iglesia en nuestro vecindario y en nuestros lugares de trabajo; para ser la iglesia, en donde quiera que estemos.


Como saben, el Espíritu Santo está presente en todo momento y debemos pedirle a Dios que el Espíritu Santo nos bendiga con sabiduría y el entusiasmo necesario para servir, enseñar y predicar. Estos son Pentecostés y Pentecostés es poder, vitalidad y autoridad dada a la iglesia.


Como una iglesia que vive en el siglo XXI en este país, un país que está lidiando con muchas luchas como el racismo, el coronavirus, las divisiones sociales, la pobreza y una iglesia en declive, necesitamos poder espiritual, necesitamos revitalización, necesitamos resurrección.

Solo por la gracia de Dios y el poder, la presencia y la guía del Espíritu Santo podemos renovarnos para una nueva aventura de fe que puede transformar la vida y el ministerio de nuestra propia vida y de la iglesia.


Necesitamos unirnos a su guía para soñar y diseñar una nueva visión de la misión, orar por una nueva visión para la misión y poner en práctica una nueva visión para la misión.


Pentecostés está aquí, Dios está aquí con su pueblo y el Espíritu Santo ha dado el poder para lograrlo. Somos la comunidad del Espíritu. Vayamos con esta mente y discernamos el desafío misiológico para nuestra iglesia en este siglo. Vayan en paz.


HIMNO: Escuche el himno «Soplo del Dios viviente».


ORACIÓN DE INTERCESIÓN: Vea este vídeo en donde el Rvdo. J. Herbert Nelson, secretario permanente de la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana (EEUUA) reflexiona sobre las consecuencias de la tensión racial en los Estados Unidos y tome unos momentos para discernir y orar.


CANCIÓN DE ENVÍO: Escuche "Alelu, alelu, alelu, aleluya" y recuerde nuestro llamado a adorar a Dios con todo lo que hacemos y decimos. Alabe a Dios por su bondad, fortaleza y consuelo en estos momentos.


BENDICIÓN (MGV)

Que la llama del Espíritu Santo

encienda nuestros corazones

para que amemos a nuestro prójimo.

Que la llama del Espíritu Santo

ilumine nuestro camino

para que vivamos en la verdad

Que la llama del Espíritu santo

se eleve dentro nuestro

para que clamemos por libertad.

Que la llama del Espíritu Santo

nos reúna para que proclamemos tu existencia. Amén.


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